En el
planteamiento de mi problema prototípico, señalé que los objetivos institucionales
de mi práctica educativa apuntan a que los estudiantes establezcan “la
capacidad de investigar, generar y aplicar conocimiento sobre temas de
relevancia científica y de impacto social”.
Ahora, la discusión
para la problematización me lleva a formular las siguientes preguntas:
¿Cuáles son
las circunstancias a partir de las cuales orientar la práctica educativa
encaminada hacia dicho objetivo?
¿Cómo se
articulan los elementos constitutivos del campo de acción que se viene
conformando en esta especificidad?, a saber, la Universdiad, sus
actores y el contexto sociodigital de esta época, en donde las características
de éste último parecen manifestarse, principalmente, en grandes
flujos (de personas, bienes y servicios) y gran movilidad de procesos
deslocalizados y desterritorializados?
¿Qué
potencialidades ofrece el contexto sociodigital y cuáles de ellas son
susceptibles de ser integradas en el continuum que abarca desde las
instituciones de enseñanza superior hasta las prácticas de docentes y estudiantes?
¿Cómo interactúan
en un contexto como el actual, las subjetividades contemporáneas,
específicamente los docentes (subjetividades supuestamente migrantes) y los estudiantes
(subjetividades supuestamente “nativas”) en el ambiente institucional? Y ¿éste
último, queda limitado a las instalaciones materiales de la Universidad?
Es a partir de
estas preguntas cómo pretendo delimitar mi problema prototípico, es decir, para
conseguir el objetivo arriba propuesto en un campo de acción conformado por la Universidad en la que
laboro -nivel institucional-, donde interactúan subjetividades (no sólo docentes
y estudiantes), y el contexto actual definible -con un término líquido a su
vez- como “modernidad líquida”, identificar cuáles son los elementos de mi
práctica educativa que deberé modificar.
Así las cosas,
propuse que los aspectos de mi práctica que considero requieren atención se
colocan en tres rutas distintas y complementarias: “una dimensión pedagógica
compleja que en lo cotidiano alienta la expresión de un lenguaje conceptual
y la reflexión crítica en los alumnos”, la integración de las TIC y una
situación diagnóstica a partir de la cual orientar mi práctica educativa.
En el
transcurso del Diplomado, estas tres rutas se han venido refinando en un único
“paquete”, o lo que es lo mismo, en un conjunto de elementos integrados que
apuntan a la definición de una problemática compleja y específica: la
construcción de un ambiente de aprendizaje.
Dicho esto, para
delimitar el problema prototípico tomo en consideración los tres actores
principales: la
Universidad, el docente y los estudiantes, si bien éstos
últimos son los destinatarios finales hacia los que las instituciones y sus
agentes dedican sus esfuerzos.
Compartiendo
la opinión de expertos en materia, señalo como deseable una transformación hacia un modelo alternativo de “universalidad” como
soporte institucional para el cambio de paradigma del proceso de
enseñanza-aprendizaje. Los estudios en este campo, apuntan hacia un modelo
conectivista y al hiperaprendizaje, como el modelo que logra conjuntar
satisfaciendo las necesidades institucionales como subjetivas. Cuando hablo de
soporte institucional refiero a dotar a los agentes de todos los insumos para
que la implementación del modelo conectivista y el hiperaprendizaje puedan
volverse realidad: desde detalles mínimos como plumones para los pizarrones, hasta lo más
complejo, por ejemplo, redefinición e integración de lo presencial y lo virtual
a distancia.
Satisfechas
estas circunstancias todos los aspectos señalados en la descripción de las dimensiones de la práctica educativa deberán
ser puestos bajo lupa para su análisis, pues sólo a partir de ello podrá
realizarse una práctica innovada. Sin embargo, en el caso específico de mi
problematización centro la atención en dos aspectos uno de la dimensión
didáctica (en tanto le concierne al docente), y son “recursos didácticos en escenarios diversificados”; el otro de
la dimensión comunicacional (en tanto concierne la relación docente-discente) y
es relativo a los “canales y espacios para la interacción”:
Recurso didácticos
en escenarios diversificados, representa uno
de los puntos sobre los que problematizar mi práctica educativa, pues si quiero
orientarla hacia un modelo conectivista y al hiperaprendizaje, tendré que
desarrollarme en el manejo no sólo contextualizado sino y sobre todo integrado
de las TIC. En otras palabras los cursos que imparto deberán trascender -de
hecho ya lo hace de manera experimental- los muros del salón de clase, re-significar
los espacios de interacción, asignando otros valores a lo presencial y
ampliando considerablemente la interacción a distancia; situaciones como la
revisión y la elaboración de los contenidos bibliográficos, su reflexión
crítica plasmada en evidencias cotejables, la investigación en el ciberespacio
acotada a los temas y programas e inicialmente con rutas sugeridas por el
docente, así como la construcción de hipertextos como evidencia de trabajos
colectivos y compartidos; todas actividades que no requieren de dinámicas
presenciales. Éstas últimas, podrían acotarse a sesiones de debates, en donde
cada actor, docente y estudiantes, lleguen después de haber realizado el
trabajo de investigación a poner a discusión sus opiniones e interpretaciones.
La ventaja de realizar esta dinámica de manera presencial, estriba en una
economía de tiempo si se compara con la que podría realizarse por ejemplo, en
un foro virtual, pues en esta fase aún no se necesita de una evidencia escrita,
sólo se trata de hacer circular oralmente la información que se está
elaborando, fomentando la creación colectiva del conocimiento que en un segundo
momento entonces y según los criterios de evaluación podrá tomar forma escrita
en un ensayo individual, en un blog colectivo o hipertexto, etc.
Canales y espacios
para la interacción, en la descripción de la dimensión
comunicacional es lo más cercano que encuentro para orientar el análisis hacia
una dimensión que también podría definir como un espacio en donde integrar
desde la multidisciplina una serie de
elementos que le permitan al docente realizar diagnósticos tanto individuales
como grupales de los estudiantes. Ya desde el planteamiento del problema
prototípico y demás actividades de este diplomado, he planteado la inquietud de que no hay que enfocar
sólo en los procesos educativos, que el mejor de ellos puede ver mermada su
eficacia si no tenemos en cuenta que los estudiantes, en el caso específico
jóvenes adultos en busca de formación especializada, llegan con una
personalidad aún plástica pero ya dimensionada respecto al entorno
sociocultural. Mi asesora capta claramente mi inquietud cuando me retroalimenta
con preguntas como las siguientes: “¿Cómo lograr
una interacción que potencie habilidades comunicativas considerando la
sensibilidad a necesidades y características socioculturales del estudiante?”,
pues para hacerse receptivo a éstas el docente debe hacerse de unas
herramientas que le permitan hacer un diagnóstico, pero no sólo del estado sociocultural
del estudiante, sino también de su estado psico-emocional, pues para entender
la contradicción de frecuentar una carrera pero no encontrarle sentido a la
currícula o a la mayoría de las asignaturas o a cualquier otra situación de
aprendizaje, debemos comprender algo que sucede en los niveles de
funcionamiento profundo del individuo, lo cual es un tema socio-contextual y no
sólo didáctico-pedagógico. Esto también en respuesta a la segunda cuestión
retroalimentada por mi Asesora: ¿Cómo comprender como docente que estos
ambientes no generan interés en los estudiantes por el aprendizaje y por lo
tanto no entregan oportunamente sus resultados o tareas?, pues no siempre y
no sólo es cuestión de que los ambientes de aprendizaje no generan interés, en las
nuevas generaciones muy poco suscita interés más allá de una satisfacción
inmediata de necesidades, lo cual entra en conflicto con los programas
formativos que suelen ser de larga duración. En todo caso, que el ambiente de
aprendizaje no resulte atractivo, se resuelve innovando la práctica educativa,
pero ¿cómo resolver lo segundo, sobre todo cuando involucra un amplio espectro
en donde la Escuela
es uno sólo de los elementos? De allí que propongo problematizar sobre una
abordaje incipiente que deberá transformarse en proyecto de investigación
específico dirigido a que los docentes integren a su prácticas educativas
elementos y técnicas para la lectura y la intervención en la dimensión
comunicacional de esta práctica para la construcción de un ambiente de
aprendizaje.
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