martes, 10 de marzo de 2015

Las inteligencias múltiples (Teoría de)



Fue propuesta por Howard Gardener en su libro Estructuras de la mente (1983), producto de una investigación sobre el potencial humano, en la que la búsqueda se orientó al diseño de instrumentos que permitieran evaluar las diferentes maneras en que los individuos abordan problemas y los resuelven. Siendo muy diversas, la teoría de las inteligencias múltiples ofrece una lectura más refinada de las habilidades humanas para resolver retos.

La teoría de las inteligencias múltiples ha tenido aceptación en el campo educativo en cuanto permite definir tendencias o preferencias individuales desde las cuales es posible diseñar estrategias educativas para optimizar los procesos de aprendizaje. Estas preferencias, en parte innatas, también se perfilan en relación al contexto sociocultural y son susceptibles de modificarse y desde luego -en el contexto educativo- ser orientadas al desarrollo del proceso del aprender a aprender.

Silvia Luz de Luca, señala ocho tipos de inteligencias para el ámbito de la educación:

La lógico-matemática; la inteligencia que usamos para resolver problemas de la lógica formal (no sólo la matemática) y de las abstracciones y generalizaciones matemáticas.
La inteligencia lingüística es la del uso de las palabras, de la habilidad en el manejo de lo significados y de la expresividad a través del lenguaje verbal.
La espacial, es la inteligencia que permite construir modelos mentales tridimensionales y orientarnos en un dado territorio, sea este un océano (marinero), una ciudad (turistas, arquitectos), un bloque de piedra (escultor), etc., y está relacionada con los diferentes grados de percepción del espacio observado.
La inteligencia musical, es aquella que permite la apreciación y la creación musical, es la de los cantantes, compositores y amantes de la música y del ritmo.
La inteligencia corporal-kinestésica, es la que remite a las habilidades como coordinación, equilibrio, fuerza, flexibilidad, rango del movimiento desde el simple ‘estar’ hasta los más rápidos y veloces. También remite a la destreza para producir o transformar objetos, de expresarse en el lenguaje de los gestos y las posturas y al dominio del espacio.
La inteligencia intrapersonal, es la que permite entenderse a sí mismo y a partir de ello elegir/adaptar las conductas en el medio; es el estar conciente de los propios estados de ánimo y está vinculada con la imagen de sí mismo.
La inteligencia interpersonal remite a la capacidad de ‘sentir’ y distinguirse de los demás, de alguna manera entenderlos y comunicar con ellos.

La inteligencia naturalista, que pertenece a una tipología que Gardner añade posteriormente a las primeras siete, remite a las habilidades que usamos cuando observamos y estudiamos a la naturaleza.

También reviste particular interés la mención a una inteligencia emocional, que de Luca señala como una especie de síntesis entre las inteligencias intra e interpersonal, y es relativa al conjunto de capacidades para el manejo de las emociones. Este constructo lo propuso Daniel Goleman a finales de los años ochenta, con el objetivo de lograr descifrar mejor el aspecto emocional, quizás el más complejo de la naturaleza humana y de los seres vivos en general.

Desarrollos posteriores a la conceptualización de las inteligencias múltiples, además han permitido discernir que éstas se encuentran ‘altamente correlacionadas’ entre sí, señalando, entre otras cosas, no sólo un correlato neurofisiológico sino la manifestación de tendencias generales en las conductas del sujeto. Sin embargo, el punto débil de esta conceptualización, subraya de Luca, estriba en que los instrumentos para medir empíricamente estas inteligencias aún ‘carecen de claridad’.

Así las cosas, y en vista de que las habilidades que manifiesta un individuo hablan de una integración de los niveles profundos de funcionamiento, me parece pertinente el señalamiento de la autora.

Quién da un paso ulterior hacia esta dirección es Thomas Armstrong, para el cual la tarea señalada depende de tres factores principales: la dotación biológica, la historia de vida personal y el antecedente cultural o histórico, lo cual remite a pensar en el estudiante, como un sujeto. No sólo manifiesta un conjunto de preferencias y estilos de aprendizaje, sino un bagaje cultural y una personalidad -aún en construcción pero ya estructurada en sus rasgos esenciales-, que en conjunto determinan la capacidad para aprender. Aquí estriba el desafío para los docentes y las prácticas innovadoras, si por un lado se propicia el aprendizaje por los canales más abiertos y receptivos paralelamente hay que observar cuáles elementos de los factores mencionados por Armstrong, limita o no la capacidad para aprender.

En mi práctica, al tiempo que los perfiles, me propongo observar qué aspectos del funcionamiento en conjunto le están impidiendo al estudiante, por ejemplo, concentrarse, o construir esquemas cognitivos que le permitan llenar de significado los distintos aspectos de su carrera; qué le impide organizar sus tiempos para el estudio, cómo puede planear la estructura de un ensayo; obsérvese de paso que estas actividades no están restringidas al ámbito de lo presencial y pueden contemplarse también para la educación a distancia. Se trata de detectar estas cuestiones, valorando su peso real en la vida del estudiante ayudándole a resignificar o al menos encontrar sentido a su quehacer como estudiante. Esta práctica, en un segundo momento, puede involucrar a todos los estudiantes en el diseño de un perfil del grupo a fin de proponer estrategias conjuntas, mediadas por el docente, con el objetivo de recuperar lo que ya tienen pero que funciona de manera insuficiente.

Una práctica ulterior, una vez que las primera dos ayudaron a tener un diagnóstico tanto individual como grupal, puede tomar de algunas técnicas de la psicoterapia, las que ayudan a enfocar la atención a través de simples rutinas de trabajo con la respiración diafragmática y técnicas de imaginación guiada para ayudar a recuperar la habilidad de planificar y organizar tiempos, materiales, lecturas, búsquedas, etc.

El desafío para el docente es muy grande, porque si por un lado se trata de favorecer el desarrollo de todas las inteligencias, por el otro sabemos que los programas de estudio en el nivel superior están diseñados para implícitamente desarrollar habilidades selectivas. Toda la educación superior está organizada en campos del saber, carreras, asignaturas y enfoques que apuntan al desarrollo de habilidades específicas y generalmente privilegian la inteligencia lingüística, la lógica-matemática, en todo caso la interpersonal; luego según la especificidad de la carrera, se valoran desarrollos más puntuales, por ejemplo,  de la inteligencia musical (carreras artísticas), de la espacial (algunas ingenierías, arquitectura, geografía), de la corporal-kinestésica (ingeniería bio-mecánica), la intrapersonal (psicología, filosofía), cada carrera y cada asignatura privilegiando necesariamente alguna inteligencia específica conforme al diseño curricular y al perfil de egreso que la institución educativa se proponga. Evidentemente hacer coincidir estas necesidades divergentes implica, más allá de la práctica del docente, reconsiderar el diseño curricular de toda carrera universitaria.

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